
El país captó 6.515,4 millones de dólares en remesas durante el primer semestre de 2026, pese al incremento de hondureños deportados desde Estados Unidos. Expertos advierten que el impacto económico de los retornos podría reflejarse más adelante.
Honduras atraviesa una paradoja migratoria: el número de compatriotas deportados aumenta, pero el dinero que llega desde el exterior continúa creciendo. Durante los primeros seis meses de 2026, el país recibió 6.515,4 millones de dólares en remesas, según datos del Banco Central de Honduras (BCH).
La cifra equivale a unos 172.658,1 millones de lempiras y supera los 5.799,6 millones de dólares registrados en el mismo período de 2025. En términos de moneda nacional, el monto del año pasado fue de aproximadamente 153.689,4 millones de lempiras.
Estados Unidos concentra la mayor parte de los envíos
Estados Unidos se mantiene como el principal origen de las remesas hondureñas. Desde ese país llegaron 6.410,6 millones de dólares entre enero y junio de 2026, equivalentes a unos 169.881 millones de lempiras.
El crecimiento de estos recursos ocurre al mismo tiempo que más hondureños regresan deportados. Sin embargo, ambos fenómenos no necesariamente se reflejan de manera inmediata, ya que mientras algunos migrantes pierden su empleo y deben abandonar Estados Unidos, millones de compatriotas continúan trabajando y enviando dinero a sus familias.
El impacto de las deportaciones podría tardar
El analista político Ramón Custodio explicó a Infobae que las deportaciones deben evaluarse no solo por el retorno de las personas, sino también por las consecuencias que pueden provocar en sus familias.
Para César Castillo, especialista en migración, el aumento actual de las remesas debe observarse con cautela. A su juicio, no existe una contradicción obligatoria entre más deportaciones y mayores envíos, porque ambos procesos pueden desarrollarse en momentos distintos.
Castillo señaló que el efecto económico de una deportación puede aparecer después, cuando el migrante pierde su empleo y deja de contar con la capacidad para sostener las transferencias a Honduras. Por ahora, los datos del BCH muestran que el flujo de dinero todavía no se ha debilitado.
La evolución de las remesas y los retornos será clave para medir el impacto de la situación migratoria en los hogares hondureños, un tema que Zona Maje seguirá observando a partir de las cifras disponibles.
